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“NO SE PUEDE HABLAR DE DERECHO A LA VIVIENDA CUANDO ES CONCEBIDA COMO UNA MERCANCÍA”


La creación de un verdadero Fondo Nacional de Vivienda para abordar la emergencia habitacional y el cooperativismo como herramienta integradora fueron algunos de los temas que conversamos con Gustavo González, Secretario General de la Federación Uruguaya de Cooperativas de Ayuda Mutua (FUCVAM).



Fotografía: Gustavo Castagnello


FUCVAM trabaja desde hace más de 50 años en respuestas de vivienda en el campo popular y ha transitado diferentes procesos a lo largo de su historia. ¿En qué etapa se encuentran actualmente?


FUCVAM es una organización que tiene su génesis en la problemática de la vivienda de los trabajadores y trabajadoras, a partir de un modelo que construye comunidad y ciudadanía. Hoy estamos en una situación de emergencia nacional, con un déficit habitacional que se estima entre 60 y 70 mil viviendas. Ese número, que lo vamos a ajustar con los datos que salgan del censo, refiere al déficit cuantitativo, pero es mucho mayor en el déficit de calidad. Desde la aprobación del presupuesto nacional quinquenal la vivienda es el ítem que menos fondos tiene. Esto tiene que ver con un problema que el país había encarado bien con la Ley Nacional de Vivienda del año 1968. Allí se colocaba como eje central que la vivienda tenía que tener un fondo específico, en base a los aportes que se hacían mediante el cobro de dos impuestos: uno a los trabajadores y otro a las patronales. Ese instrumento permitía tener una política de Estado, porque podías saber más o menos el monto que entraba por año. Pero con la crisis de 2002, y luego de algunos cambios en la instrumentación, desaparecieron los últimos 100 millones de dólares destinados para eso, producto del descalabro financiero que hubo en el país. Desde ahí hasta la fecha se habla de un fondo nacional de vivienda, pero este no es real. Hoy el fondo nacional de vivienda se financia con lo que devuelven los deudores de los distintos programas. Uno de los planteos fundamentales para resolver el problema de la vivienda es contar con un nuevo fondo.


¿La propuesta en la que están trabajando es la de contar con un nuevo y verdadero Fondo Nacional de Vivienda?


Sí. La propuesta es afectar un 0.25 por ciento del impuesto al patrimonio, que existe para las grandes fortunas. Con eso se va a demostrar que el país puede contar con un flujo de dinero importante. Hay que crear un fondo nacional porque sino es mentira que haya una política de Estado. Lo demuestra esta última rendición de cuentas. Inclusive en el 2024 desciende el monto que se va a destinar a vivienda. ¿Quiénes están en el déficit habitacional? Los que no tienen capacidad de ahorro. El país está construyendo muchísimo a través de una exoneración que se le hace a la industria de la construcción, pero no para construir viviendas para la gente que forma parte del déficit habitacional sino para la clase media y media alta. La ley de Vivienda Promovida es nefasta desde el punto de vista de la perspectiva de abatir el déficit habitacional y extraordinaria para el capital de la construcción, porque está exonerada de todo. Entonces, si no se reactiva un fondo nacional de vivienda no hay ninguna perspectiva de poder solucionar el tema. Los otros programas del Ministerio de Vivienda, como el Plan Avanzar (Programa de asentamientos), no avanzan. Y con la plata que le dieron, lo máximo que podrían resolver es un 20% de los asentamientos irregulares.


¿En ese porcentaje están contemplados los posibles realojos o es una estimación en cuanto a las viviendas que podría realizar?


Se ha payado tanto que uno no sabe qué está dentro de ese plan y qué no. El problema de la vivienda está ligado al desarrollo y ningún dirigente político puede decir que hay desarrollo humano en el país si tenemos 70 mil unidades habitacionales de déficit. Porque el desarrollo tiene que ver con la salud y la educación, que a su vez se relacionan con la vivienda. Si el pibe que cae en el hospital Pereyra Rossell, cuando le dan el alta, vuelve a una vivienda insalubre, tiene cuestionada su salud todos los días. En la educación pasa lo mismo. Los mayores problemas de aprendizaje están en las poblaciones pobres. Pero pedirle rendimiento escolar a un pibe que vive hacinado, que tiene tres hermanos que duermen en la misma habitación, que tiene una pared que se llueve y un techo con goteras, es repugnante. Después de más de 45 años hablando de estos temas en el país, estoy cansado de escuchar ese tipo de cosas. Y el cooperativismo de vivienda de ayuda mutua lo que ha demostrado es que a la gente, si se le dan los instrumentos, construye.


¿La propuesta implicaría construir mediante esa modalidad?


Exacto. Ahora, si se quieren construir viviendas populares con llave en mano, también puede ser. Pero para todo hay que tener plata y debe ser el Estado quien la aporte. No se puede hablar de derecho a la vivienda como establece la constitución, cuando es concebida como una mercancía. Si el Estado no financia la vivienda popular, los humildes de este país no pueden acceder a una vivienda adecuada y digna.


En los últimos años se ha profundizado la segregación territorial de algunas poblaciones. ¿De qué manera visualiza ese fenómeno?


Avenida Italia es el muro de la segregación espacial. Hacia el mar hay un Montevideo y para el norte otros. Pero no es el único. En un estudio que se hizo en el libro “Los de Arriba”, se demuestra que en la misma superficie de tierra en la que viven 2000 familias dentro de barrios privados, viven todas las personas de los asentamientos irregulares del país. Tenemos un gran problema con la renta del suelo urbano. Si te compras un terreno y lo dejas ahí, cuando la sociedad lleva toda la infraestructura, se valoriza 10 o 15 veces. El problema de la vivienda también está ligado a dónde construimos. Los pobres del planeta en general construyen en la periferia de las ciudades. En todos los países hay lugares que son definidos como zonas rojas y son todos los barrios de trabajadores y trabajadoras que se estigmatizan. Y para un muchacho que vive en el asentamiento, es difícil conseguir laburo.


En la lógica de que el mercado no logra cumplir con las necesidades de esas poblaciones, ¿Es el Estado quien debería hacerse cargo?


Exactamente. La gente en algún lugar tiene que vivir y construir. Lo hace donde y como puede. Los asentamientos irregulares van a seguir creciendo si no hay una solución al problema de la vivienda. El capital se ha garantizado su cobertura al penalizar las ocupaciones de tierra. Antes el delito de ocupación estaba en la justicia civil, ahora es penal.


En este contexto, la modalidad cooperativa aparece como una alternativa para las familias que no pueden acceder por otro mecanismo ¿Ese es el princiapal valor que tiene el cooperativismo?


Es un instrumento que ha demostrado funcionar. Al tener financiamiento del Estado, el trabajador no tiene que sacar plata de su bolsillo para construir y eso es fundamental. Los préstamos se conciben considerando el valor del suelo, de los materiales con los que se va a construir y el asesoramiento técnico. No quiere decir que todo sea brillante, pero es un modelo que ha resistido todos los gobiernos. A pesar de que muchas veces tuvo viento en contra y un competidor como la industria de la construcción, el cooperativismo de vivienda ha construido en todos lados. Claro, el tiempo de espera para el préstamo atenta contra un desarrollo mayor, pero hoy en día si nos juntamos todos los que vivimos en cooperativas de vivienda somos la ciudad del interior con mayor población. Estamos hablando de entre 160 y 170 mil personas. Desde esa perspectiva creemos que es un modelo que ha demostrado construir bien, barato y con calidad.


¿Qué rol juega en este modelo lo humano, el formar parte de la propia construcción?


Es muy importante. En un mundo que impulsa lo individual que sobreviva algo colectivo tiene un valor enorme, porque en una cooperativa sí o sí tenés que convivir colectivamente. Que nuestros viejos barrios hoy se mantengan con gimnasios, guarderías y policlínicas, es extraordinario. Tenemos entre 6500 y 7500 personas que se reúnen todas las semanas de forma voluntaria. Es un movimiento que no tiene fueros ni renta, somos todos militantes. Sostener los barrios de esa manera ha sido heróico. También es esencialmente un modelo educativo, porque aprendemos todos los días cómo articular una colectividad. Vivo en una cooperativa de 213 familias y todavía duermo la siesta los domingos, porque hay asambleas y la vida se reglamenta de común acuerdo.


¿Qué presencia tienen las cooperativas en los distintos barrios de Montevideo?


Tenemos cooperativas de vivienda en prácticamente todos los barrios. Antes estábamos solo en la periferia. Ahora estamos desde Ciudad Vieja hasta el Cerro. Tenemos 740 cooperativas afiliadas solo en Uruguay.


¿La relación cambia dependiendo del lugar en el que se desarrolla la cooperativa?


El territorio hace a la gente. Es muy distinto vivir en una cooperativa de 200 viviendas que en una de 15. El modelo es el mismo, pero el desarrollo es otro. Inclusive se ha desarrollado a nivel internacional. Hemos exportado este modelo, en el buen sentido de la palabra. Hoy hay cooperativas de vivienda en Paraguay, Bolivia, Honduras, Guatemala, Nicaragua, El Salvador, México y Brasil. En Asia tenemos un gran desarrollo en Filipinas y en Sri Lanka. En África en Zambia y Malawi. Todo bajo el mismo modelo. Es parte del internacionalismo de FUCVAM, que es muy importante.


¿Cuál es el vínculo de FUCVAM con otras organizaciones sociales?


FUCVAM es parte y lo ha sido de forma histórica de la intersocial. Estamos en todas las luchas en general junto al movimiento sindical, al movimiento estudiantil y a los jubilados. A nivel barrial depende de cada cooperativa, hay algunas que se vinculan mucho y otras más o menos. Pero en general hay un vínculo con el barrio y las organizaciones que trabajan allí. Hay un problema que atenta contra la integración que es la violencia ciudadana. Es un problema que lleva a que las personas se encierren, no solo le pasa a las cooperativas, sino en todos lados. Yo viví en un país que no había rejas.

¿Cómo evalúa la política de vivienda del gobierno?


Somos hipercríticos. No es solo adjudicable a este gobierno, creo que ningún Estado puede construir si no tiene un fondo real de vivienda. Ahora, aquella promesa de 50 mil viviendas en este período, se hizo leña. Uno de los talones de aquiles de este gobierno es la vivienda. La situación de hoy da para preocuparse, pero soy un optimista confeso, y creo que esta era de la humanidad va a parir un corazón, porque este sistema ya está demostrando que revienta.


 

La vivienda en Casavalle


Según los últimos datos de vivienda disponible, correspondientes al Censo de 2011, la zona de Casavalle donde se desempeña la labor de la OEBB presenta los indicadores de vivienda precaria más altos del país. En ese sentido, la presencia de hacinamiento en los hogares de Casavalle es más del doble que la del total país (1 de cada 3 hogares), la cantidad de hogares con saneamiento precario es más de tres veces que la del promedio para el total país (1 de cada 10 hogares), las condiciones de piso y techo también son muy superiores a las del total país (27 y 42 por ciento, respectivamente) y la emergencia habitacional es el triple (alcanza al 6 por ciento de los hogares). Este último indicador refiere a viviendas que cumplan con alguna de las siguientes condiciones: tener techo de desecho, o piso de tierra o no tener baño.




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