Entrevista Ana Olivera, exiliada política en dictadura, "la memoria es sustantiva para los pueblos"

Familia Palma Sepúlveda, fundadores de la Obra Ecuménica, la refugiaron en Chile junto a más de 200 uruguayos.


Fotografía de Ana Olivera tomada por Marcos Casas en Conferencia de Prensa por el Frente Amplio ante el tratamiento de la Ley de Urgente Consideración.



Estamos en el mes de mayo, nuevamente se busca verdad y justicia para los familiares de las víctimas de la dictadura cívico-militar en Uruguay, donde se reivindica que se esclarezcan las desapariciones y muertes impunes que se llevaron adelante en esos oscuros años.


La dictadura cívico-militar en Uruguay (1973 - 1985) surgió por el golpe de Estado del 27 de junio de 1973. Ese período lo gobernó un régimen cívico-militar autoritario que no tomó en cuenta la Constitución, disolvió el Parlamento, prohibió los Partido Políticos, ilegalizó los sindicatos y los medios de prensa y ejerció un control total sobre las organizaciones económicas y sociales. Los intentos de las Fuerzas Armadas por tomar el control generó exilios, persecuciones, encarcelamientos, muertes y desapariciones de opositores al régimen.


Fueron muchas las redes solidarias que se tendieron para ayudar a las víctimas, una de ellas se conecta con nuestra identidad institucional y con la convicción de trabajar siempre en la promoción del ejercicio de los Derechos Humanos. Te invitamos a leer la entrevista que le realizamos a Ana Olivera, exiliada política en dictadura, que conecta su vivencia con nuestra historia, con la historia de la Obra Ecuménica Barrio Borro.



Quién es Ana Olivera…


Soy Ana Olivera, tengo 68 años, soy una militante social, política y estudiantil desde que tengo 16 años. Pienso que la militancia es una concepción de vida, y uno lo puede hacer en diferentes cosas, la militancia social tiene que ver con cómo te relacionas con la sociedad y con el prójimo.


Fui militante del MLN (Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros). Tuve 12 años de exilio. En el año 1978 me afilie al Partido Comunista. Fui militante de barrio cuando volví al país en 1984. Durante 10 años integre el equipo de gobierno de Mariano Arana, me tocó de 2002-2004 estar en la coordinación del Plan de Emergencia Departamental que se hizo con la crisis del 2002 (fue una crisis donde se tuvo más de un millón de personas debajo de la línea de pobreza). En el año 2005 el electo presidente Tabaré Vázquez me eligió como secretaria del MIDES (Ministerio de Desarrollo Social). Estuve 10 años en el MIDES y entre medio fui la Intendenta de Montevideo, después de eso soy diputada del departamento de Montevideo.



¿Cómo conociste a la Obra Ecuménica Barrio Borro?


La fui conociendo en diferentes etapas, del 2010 a la fecha más directamente porque he acompañado el proceso de Plan Casavalle. Sigo integrando el Consejo Casavalle y el equipo de organizaciones sociales como invitada del plan especial de Marconi. Tengo un vínculo importante con la Obra Ecuménica del Barrio Borro (Oebb) porque participaba de la reunión mensual que hacíamos donde estaban incluidas todas las organizaciones de Casavalle no solo las de Marconi, para pensar globalmente promover la participación de los vecinos y vecinas.

Las situaciones de exclusión y miedo no promueven la participación de la gente.

Este es mi último vínculo con la Oebb, un vínculo anterior fue con el Centro Ecuménico en 8 de octubre (donde ahora está la sede de la Fundación Pablo de Tarso que gestiona la Oebb). En el año 1989 el Centro Ecuménico prestó su sede para que sea la sede barrial por el voto verde, por la campaña de verdad y justicia. Lo que conocía antes de la Oebb era por mis amigos que iban a la escuelita dominical, en esa época tenía 16 años y era católica, nunca fui protestante, militaba en la parroquia universitaria; las relaciones que una generó, van más allá del pensamiento ideológico, político y religioso.


La gente de la Iglesia Evangélica Valdense que me vinculé fueron quienes me dieron albergue, estuve un mes clandestina en casa de una familia valdense, con personas que no necesariamente compartían lo que yo opinaba.

Había una cosa humanitaria de que no vaya a caer presa porque todo el mundo sabía que si caías preso podías ser torturado, muerto o desaparecido.

Eso humanitario de protección, yo tenía 18 años en aquel invierno terrible del año 72; en ese momento sabía toda la historia de la escuelita dominical de la “Obra del Barrio Borro”, así se llamaba.


Cuando el MLN había sido derrotado y todo el mundo sale de Uruguay en el exilio para evitar caer preso, es que la familia valdense nos contacta con el pastor Daniel Palma en Chile, fundador de la Oebb, que no lo conocía de antes. La “señora cristiana” (le decíamos a la madre de la familia valdense) me escribió una carta para presentarme en la Universidad de Teología que era de distintas iglesias protestantes en Santiago de Chile. Allá fui con mi carta junto con dos compañeros, íbamos buscando por la calle al señor Daniel Palma, allá encontramos un señor muy chicharachero, con una sonrisa amplia.


Inmediatamente se preocupó por aquellos muchachos, teníamos 18 y 19 años, que no sabíamos a donde ir, con muy poco dinero; había mucha cantidad de uruguayos dando vueltas por todo Santiago de Chile. Estábamos viviendo en una pensión e inmediatamente nos consiguió una casa de una familia de la iglesia que le pusimos de nombre “la redota”. No sólo acogieron a los uruguayos que estábamos huyendo perseguidos, si no que además empezaron a recibir a nuestras familias. Recuerdo que Sergio el más chico de los Palma decía “llegaron los uruguayos, me tengo que bajar de la cucheta” porque los uruguayos pasábamos a ocupar la casa de los chiquilines, eran 6 hermanos.


Por esa casa pasaron más de 200 uruguayos, nos acogieron por estar huyendo de Uruguay, nos encontraron casa, trataron que estuviéramos lo mejor posible, recibieron a nuestras familias y lo único que habían recibido era una carta de la “señora cristiana” que pedía apoyo para “Titina” (ese fue el nombre que me puso en la carta por las dudas, aunque nunca me llamé así, para la familia hasta hoy en día soy “Titina”). Le dieron entonces apoyo a Titina y a todos los uruguayos que pasaron por la casa, a cambio de nada, y eso es lo que uno tiene que rescatar, que es la solidaridad en el más puro sentido; en ese momento no ponían en riesgo nada, pero en 1973 se da el golpe de estado en Chile, y ellos empiezan a trasladar uruguayos, a utilizar el ómnibus de la iglesia y las campañas de evangelización para sacar una uruguaya embarazada y que no fuera detenida, porque en el golpe de Chile los extranjeros eran tan perseguidos como los militantes políticos chilenos que estuvieran vinculados con Salvador Ayende. Eso hizo la familia Palma, estuviera de acuerdo o no con lo que pensábamos los uruguayos que estábamos en Chile.


La familia Palma fue la que fundó la “Obra del Barrio Borro”, hoy Obra Ecuménica. Daniel Palma era un hombre vinculado al Consejo Mundial de Iglesias, a pastores valdenses y pastores metodistas; su fe lo vinculaba con otra gente que también estaba contra la dictadura, contra el estado que comenzó a tener una actitud autoritaria desde 1968.

La Iglesia Católica, Iglesia Metodista e Iglesia Valdense que conocí en esa época, tuvieron una actitud siempre de cuestionamiento del autoritarismo y de solidaridad con las personas que estaban siendo perseguidas.

La familia Palma corrió mucho riesgo en pleno golpe de estado en Chile, socorriendo a las familias uruguayas y vos decís ¿por qué lo hicieron? ¿qué sacaban? en este mundo tan mercantil donde todo el mundo piensa que lo que hace es cambio de figuritas, yo te doy si vos me das, aquí lo único que hubo fue solidaridad en términos absolutos de lo que significa la palabra, pensar que lo más importante es la vida de ese ser humano.


Cuando la Iglesia Valdense cumplió 50 años fui invitada a participar de la conmemoración, y di un testimonio de los valdenses y su vínculo con la sociedad.

Conté que yo estaba viva gracias a una familia valdense que me tuvo un mes clandestina en su casa, eso como primer punto. Un segundo punto fue que gracias a esa familia valdense yo conocí a los fundadores de la “Obra del Barrio Borro” que me socorrieron a mí y a cientos de uruguayos en Chile.

Sé que muchos de los que estaban allí no compartían las cosas que yo dije, otros sí, pero tiene que ver con la vida de quienes pertenecen a la Iglesia Valdense. Personas me agradecieron por ese perfil que di de la iglesia que muchos no conocían.


Nosotros recibimos primero el apoyo de Daniel Palma y su esposa Elfrida Sepúlveda, luego de toda la familia y después involucraron a toda la iglesia, una cantidad de gente que se puso en función de ser solidaria con los uruguayos que estábamos en Chile. Fue todo un proceso, llegamos con una pequeña esquela de la “señorita cristiana” (madre de la familia valdense) a un lugar donde se nos abrieron todas las puertas. Insisto una casa donde nunca pagamos tres pesos de alquiler, era el lugar donde los uruguayos que iban llegando a Santiago de Chile recalaban antes de ir a otros lugares dentro del propio Chile, donde tenían su primer lugar de llegada, y todo lo hizo esta gente fundadora de la “Obra del Barrio Borro”. Esa Obra original creada en 1957 dio una relación de amistad con esta familia que me acogió en su casa.

Esto de trasladar en el año 1973 a una embarazada en el medio de la caravana con ruido para salvar su vida, eso fue toda la comunidad de la iglesia.

Nunca será suficiente el reconocimiento para la familia Palma Sepúlveda ni a los miembros de esa iglesia. La única satisfacción que tengo es que él alcanzó a ver el homenaje que se le realizó en el parlamento, cantidad de personas me pidieron ese video, porque es parte de esas historias anónimas que no se conocen de lo que se fue viviendo en Uruguay, porque los uruguayos tuvimos múltiples muestras de solidaridad a lo largo y ancho del mundo, y a veces nos olvidamos cuando tenemos actitudes que no corresponden a los que migran a nuestro país por cómo fuimos recibidos en el mundo.



Homenaje a Daniel Palma. Intervención de Ana Olivera

en la media hora previa de la Cámara de Representantes de Uruguay. 10/05/2021.



¿Cuál es tu vínculo con el barrio Borro?


Primeramente conocí a la Obra Ecuménica Barrio Borro por palabras de la familia Valdense; después conocí más de la “Obra del Barrio Borro” cuando estuve en Chile por Daniel Palma, porque era su amor, en barrio borro nacieron tres de sus hijos, vaya si hay vínculo de esa familia con el barrio Borro.


Los hermanos Elfrida, Rosita y Daniel en un columpio en barrio Borro frente a la casa donde vivía la familia Palma Sepúlveda.


Yo me empecé a vincular con el barrio Borro de grande, antes conocí el Centro Ecuménico que en el año 1989 no solamente fue sede del voto verde, sino que se vinculó a las redes de organizaciones sociales de todo el barrio de la Unión, se generó una red de organizaciones religiosas y laicas. Se transformó en un lugar importante para el movimiento en defensa de la educación pública se realizaron reuniones en el salón de actos enorme que tiene el Centro Ecuménico.


Después en el año 1990 cuando Tabaré Vázquez asume como intendente de Montevideo en el Centro Ecuménico, en ese mismo lugar donde se hacían las reuniones en defensa de la escuela pública, se hizo una de las primeras asambleas del presupuesto participativo del departamento de Montevideo correspondiente a la zona de la Unión. Siempre hubo un vínculo del Centro Ecuménico de puertas al barrio, de puertas a la sociedad, esa vocación de articulación con otras organizaciones sociales. La Obra Ecuménica en el barrio Borro también jugó ese rol de estar de puertas abiertas al barrio, para trabajar con los vecinos y las vecinas. Yo vuelvo a conocer la Obra Ecuménica ya siendo intendenta de Montevideo y después estando en el MIDES; la Oebb gestionó desde los inicios el proyecto que se llamaba “infancia y familia” (que luego se fue transformando) y también los servicios de orientación SOCAT, en medio del barrio Borro.


Yo quiero hablar de la importancia que ha tenido para los vecinos y vecinas del barrio la articulación que hace la Obra Ecuménica con otras organizaciones sociales de la zona, como se ha abierto a los vecinos del barrio para que planteen sus preocupaciones y problemas.

Una Obra con la cabeza puesta en las condiciones de vida de las personas que viven en un barrio, que ha tenido durante décadas, los indicadores críticos más grandes del departamento de Montevideo —hablando en términos sociológicos—.

En el año 2004 se hizo un documento llamado los “mapas de la exclusión” que fueron muy importantes para el desarrollo del Plan de Emergencia Nacional en el año 2005, donde se hace una comparación por barrios de las condiciones vinculadas al ejercicio de derechos a la educación, la salud, la desnutrición infantil, el hacinamiento; había dos barrios en Montevideo que estaban a la cabeza de los indicadores críticos más alto, donde se tenía la deuda social más grande: uno era el barrio La Paloma en el Cerro, otro barrio Borro en Casavalle. En ese barrio en el año 2004 el 65% de los mayores de 18 años nunca había tenido un acceso al trabajo formal.


Esa es la deuda que se tenía en el 2005 con un millón de personas por debajo de la línea de pobreza; ese millón no era todo igual, había algunos que venían de reproducción de la pobreza y la indigencia de hace décadas, eso no se soluciona con una ni dos generaciones.

El abordar el tema del ejercicio de derechos de las personas fue uno de los temas que la Obra del Barrio Borro asumió desde su creación. Cuando vos decís que hay una línea de trabajo en jóvenes y género, esas expresiones hacen que la Obra Ecuménica sea distinta a las demás organizaciones que hay en el departamento y en el país.

Por eso la alegría que teníamos este 8 de marzo cuando fui a la marcha del 8M en Casavalle, eran las vecinas del barrio las que estaban reclamando la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.



¿Cómo fue vivir la dictadura cívico-militar uruguaya?


Para mí vivir la dictadura uruguaya significó exiliarme del país. Yo salí en 1972 antes del golpe de Estado y pensé que iba a estar afuera tres meses, y estuve afuera doce años. Todos pensamos que íbamos a poder volver, tenía 18 años, no pensamos que el proceso iba a llevar a que cada vez sea peor, que las cárceles se llenaran, que desapareciera gente. Te puedo hablar de lo que significó para mi familia que me fuera de mi casa, lo que le implicó a mi madre como docente de secundaria, lo que significó no poder hablar de determinadas cosas, lo que significó la pérdida del derecho de reunión, lo que implicó ser hermanos de una persona que está siendo buscada (salí en los diarios requerida).


El golpe de Estado se da cuando el MLN está derrotado, y quienes hicieron la huelga general, los miembros de los partidos políticos legales y dirigentes sindicales van presos, esa es la realidad del golpe de Estado en 1973. Significó que los que estábamos fuera del país no podíamos volver, significó problemas para las personas que salían del país para encontrarse con sus familias al retorno, significó tener muchísimo cuidado de cómo y con quién te relacionabas, y ahí hay gente que dejó de visitarse. Mi madre tenía la lista de las personas que seguían llamando sabiendo lo que pasaba en mi casa, y no porque juzgara a los que no lo hacían, si no porque sabía que los que lo hacían (como la familia valdense o compañeros de estudios) tenían un riesgo; mi familia valoraba el riesgo que tomaban las personas que llamaban a mi casa en los años de dictadura.


Mi hermano del medio hasta hoy se entera de cosas y dice “por qué mamá y papá nunca me dijeron de esto” y bueno para cuidarte. Yo tuve 12 años de exilio, después de Chile estuve en Cuba 4 años y en Francia 7 años. Mis hermanos no tenían idea de que mis padres sabían que yo estaba en Cuba, era una forma de protegerlos; “yo no sabía que ellos sabían” me dijo hace un año mi hermano del medio, no se lo decían para no ponerlos en riesgo, porque así se aseguraban que si les pasaba algo no se lo iban a contar a nadie. Mis hermanos crecieron y ambos fueron militantes clandestinos en contra de la dictadura, pero lo que no sabían, no lo sabían. Mi familia fundó el comité de familiares de exiliados, se conocieron con gente con otras formas de pensar, las iglesias (Metodista, Católica, Valdense) fueron lugares de refugio para los familiares de los presos, exiliados y desaparecidos; eran lugares donde podías juntarte corriendo menos riesgo que en otros lugares.


Entonces yo viví la dictadura de cara al país, pensando siempre en volver, trabajando para la solidaridad con Uruguay; los exiliados hacíamos actividades que generaban dinero para mandar a la resistencia dentro del país, para la gente que se organizaba, las familias uruguayas resistieron cada una a su manera.

El pueblo uruguayo tiene conciencia democrática y nosotros tenemos que bregar por esa conciencia, porque sino hay cosas que se empiezan a naturalizar y se pierde, algo muy peligroso para la democracia es el miedo.

El miedo fue lo que se intentó imponer en 1989 con el voto verde o voto amarillo, porque hay mucha gente que quería verdad y justicia pero tenían miedo de que hubiera una reacción de parte de los militares si se derogaba la ley (que hacía que fueran impunes); creo que el miedo es un arma que se ha utilizado muchas veces.


Lo viví así, lejos de mi familia y tratando de estar siempre cerca de Uruguay. El día que volví el 26 de setiembre de 1984 tuve a mis amigos en casa esperándome y sentí que nunca me había ido; ahí estaba la familia valdense y el almacenero de la esquina que le preparaba a mis vecinos presos los paquetes de dulce membrillo pisado y jabón rallado para que lleven a la cárcel, y decía que en el almacén que no se podía hablar mal de nosotros. En ese momento todos esos gestos eran un riesgo, hubo mucha gente que calladamente puso su granito de arena contra la dictadura.



¿Qué significó recibir la ayuda de un pastor que fundó una Obra Ecuménica en barrio Borro?


En su momento tuvo una significación del vínculo de él con el Uruguay, había creado la Obra y habían nacido tres de sus hijos en barrio Borro, que están orgullosos de ser uruguayos. Yo lo que fui aprendiendo es lo que significó para ellos nuestra presencia en Chile, ellos tuvieron una devoción hacia nosotros, no puedo explicar lo que uno sentía de cómo ellos nos cuidaban. Es una mezcla que tiene que ver con el haber sido parte del Uruguay, y tiene que ver con su manera de pensar, de entender su cristianismo. Toda la familia entendía como parte de su cristianismo ayudarnos a nosotros; por ejemplo usar el ómnibus de la iglesia y sus actividades para trasladar gente, es un compromiso que va más allá de Daniel y Elfrida, ellos supieron transmitir eso a toda la comunidad.


Llegué a un país que lo había conocido una semana como turista, después de haber estado viviendo afuera de mi casa con 18 años durante meses, pensando que en cualquier momento me podían llevar presa. Llegando a otro país que estaba en un momento difícil, porque el año 1972 no estaba fácil para las familias chilenas tampoco, había toda una campaña donde se promovía el desabastecimiento por parte de la derecha chilena, que estaba sentando las bases del golpe de estado; estaba el paro de transportistas, el tema de las divisas y el dólar clandestino; en ese contexto van llegando cientos de uruguayos a Chile.


Ellos siempre fueron muy comunicativos de lo que había significado Uruguay, parte de su lugar en el mundo había sido el barrio Borro, no era el Uruguay, era la Obra del Barrio Borro. El hijo más pequeño que no había conocido la Oebb, sintió una emoción el día que nos recibieron, al ver el lugar y la capilla que dicen que se mantiene como era.


Estábamos con alguien que nos trató siempre como sus hermanos, como sus hijos, éramos todos gurises, la hija más grande de Daniel Palma tenía dos años menos que yo. Después volví varias veces a la casa de ellos y mis padres también fueron como tres veces a verme, le trastocamos toda la vida, y jamás sentimos un reproche de ellos por todo los perjuicios que les trajimos. Tanto es así que a través de los años seguimos manteniendo una relación de afecto, de reconocimiento, mi familia sólo tiene agradecimiento y afecto por ellos.


Yo conocí el barrio Borro por los ojos de la “familia cristiana” de Uruguay, que iba a la escuelita dominical y trabajaban en la Obra del Barrio Borro; esto fue antes de estar yo personalmente con Daniel Palma y conocer su amor por el barrio, por lo que estaba haciendo, por la gente.


Hay necesidad de conocer las cosas que quedaron encapsuladas en quiénes lo vivieron, porque el miedo no se va de un día para otro, qué importante es la memoria.

Esa es la sensación que yo tuve el día de los 50 aniversario de la Iglesia Valdense, está bueno que ustedes recuperen la memoria. A veces que estoy con amigos conversando de las cosas del 71 y el 72, que algunos vivimos el exilio, y mi hijo me dice “por qué nunca me contaste estas cosas” y uno no se da cuenta que son las raíces de las nuevas generaciones, yo recién ahí me di cuenta que para mi hijo era importante saber y conocer.


El miedo es un arma poderosa de los autoritarios, porque vos tenés miedo de de perder la vida en la etapa de dictadura, de perder tu trabajo, de la persecución, de ser destituido (los trabajadores públicos eran destituidos o eran jubilados, como le pasó a mi madre por tener esta hija subversiva y sediciosa); tenés miedo de manifestar determinadas cosas por si trabajas con determinada familia o en determinada empresa, o por si estás recibiendo una canasta.



¿Qué implica recuperar la memoria y poner en palabras la solidaridad?


Uno se iba dando cuenta las cosas que no debía compartir y por qué razón no la verbalizaba, hay cosas que yo sigo sin decir, por cuidar al otro, si no las dije hace años no las voy a decir ahora tampoco. Eso no quiere decir que la memoria no tenga que estar presente, pero también uno trata de preservar a las otras personas. Es sustantiva la recuperación de la memoria en relación a la solidaridad, así se conquistó la democracia en este país; también cómo se reconquistó en Chile, porque a los chilenos les ha costado mucho más que a nosotros la recuperación de la memoria, las espinas envenenadas del fascismo en Chile son las que hoy están tratando de sacarse con la reforma constitucional. Que en Uruguay se esté tratando de tergiversar la historia reciente como la vivimos, tiene que ver que nosotros no hemos sido suficientemente claros de qué se vivió en este país desde el año 1968, no lo que se vivió desde el 27 de junio de 1973.


Por otro lado cómo lo trasladas a las nuevas generaciones con los temores que vos tenés, que están impregnado a tu vivencia, pero tu vivencia tiene que estar; vos ahora al preguntar me hiciste acordar de cosas que las tenía recontra guardadas. Daniel Palma y su familia es la figura, pero hubo una comunidad que también fue la figura, hubo una comunidad solidaria.


Estos son los héroes anónimos que reconquistaron la democracia en nuestro país, estamos los que figuramos, los que tuvimos responsabilidades, los que vivimos el exilio, los que después tuvimos responsabilidades políticas, los dirigentes sindicales, pero la democracia la reconquistaron miles.


Yo pienso en todas las madres y familiares de los presos políticos que sostuvieron la vela, que buscaban entrar y salir del país, encontrar información. Cómo sostener a los que estaban presos, cómo reconstruir el tejido social en el marco de la dictadura. La democracia no volvió porque se pusieron de acuerdo cuatro personas, hubo un pueblo; los militares no lograron el objetivo de generar una base social y por eso tuvieron en 1980 la derrota del no brutal a lo que ellos querían hacer, que les dio pie para saber que lo que ellos querían no era lo que el pueblo quería.


La recuperación de la memoria es desde el lugar de cada uno, compartir cómo viviste esos momentos sabiendo que hubo miles que vivieron otros, que sufrieron y resistieron la dictadura a su manera.

Recuperar y poner en palabras la memoria significa que las nuevas generaciones conozcan la historia, porque sin querer las comunidades pierden el conocimiento de su origen.

La memoria también tiene que tener los datos, la documentación de la época y las distintas vivencias de quiénes fuimos protagonistas; vos podés creerme o no lo que te cuento, pero tenés la visión de lo que pasó de distintas personas y en mi caso como protagonista. La solidaridad que recibimos es de gente que fue protagonista a su manera, en la época que le tocó vivir, siendo solidarios con quienes éramos perseguidos y construyendo la resistencia.


La memoria es sustantiva para los pueblos, para la construcción de la identidad cultural, para la solidaridad como elemento vincular de la sociedad, para la lucha contra el autoritarismo, para la defensa de las libertades.

Todas esas formas es una manera de buscar que no se reproduzca y sedimente la identidad de las comunidades. La Obra Ecuménica, la Obra del Barrio Borro, la Iglesia Valdense seguramente tiene otras historias que no son estas que estoy contando, pero esto también es parte de su identidad.



Escribe Federico Sánchez Toniotti









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