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Mes de las mujeres

Actualizado: abr 6

La importancia de la amistad como acto político


Grupo Mujeres en Obra



Nuevamente en el mes de marzo, uno de los grandes temas que nos convoca es el 8M: Día Internacional de las Mujeres. Este año quizás un poco invisibilizado entre las cotidianas noticias y cifras de COVID-19; la incertidumbre en relación al comienzo de clases y su modalidad; el aislamiento y sus terribles consecuencias.

Aún así, el color violeta en las calles y en los barrios volvió a hacer presente esta fecha, insistiendo en que las desigualdades y violencias que vivimos las mujeres deben hacerse cada vez más visibles a nivel social y sosteniendo la lucha para que estas problemáticas sean colocadas en la agenda pública y política.


En estos tránsitos y recorridos que elaboramos las mujeres, en estas luchas tan cotidianas como trascendentes, a través de estas líneas elegimos reivindicar lo colectivo, la potencia política del encuentro con otras, el sentido que vamos construyendo desde el reconocimiento.


Hoy, en torno al 8 de marzo, nos preguntamos acerca de cuáles son los factores que hacen que las mujeres decidamos encontrarnos entre nosotras, qué sucede en los grupos de mujeres, que tramas se tejen entre mujeres que permiten y hacen necesaria la existencia de los grupos.


Desde el año 2018 en la Obra Ecuménica venimos transitando un camino colectivo, de mujeres que vivimos y/o trabajamos en la zona de Casavalle y alrededores. Al inicio, el grupo se nucleó en torno a la tarea de la escritura, ya que la demanda de la creación del espacio surge luego de un concurso literario sobre la temática “Historias de Mujeres que nos Inspiran”, que posteriormente se transformó en libro. Luego, en el 2019 se conformó el grupo “Mujeres en Obra”, a través del cual se han ido creando otros lazos, tramas e intereses que fueron tejiendo nuevos modos de grupalidad y construyendo nuevos caminos.


El grupo “es una manera de socializar y darse cuenta de que no estamos solas a veces en los problemas cotidianos, que hay otras mujeres que nos pueden entender porque nos pasan las mismas cosas y porque necesitamos amigas. Alguien que nos escuche porque nos gusta ser sociables y tomarnos un té o conversar de esas cosas.”


Reconstruir la historia del grupo, relatar nuestra historia, refiere necesariamente al sentido que vamos construyendo colectivamente, desde un espacio que se va reelaborando continuamente, un espacio en permanente búsqueda, apertura y movimiento. El encuentro hace sentido, sentido que se hace en el encuentro, “el grupo significa mucho por que gracias a ese grupo yo pude aprender muchas cosas, compartir muchas cosas que me estaban pasando y esas buenas mujeres supieron escucharme, comprenderme y apoyarme sobre todo”. “Es importante porque encontré apoyo, solidaridad, contención y bueno … y también controversias, como una familia, gente que piensa distinto pero que las discusiones nunca fueron en tono violento ni nada, hubo intercambio de pareceres y eso me parece muy bueno y muy importante.”


Destacamos la importancia de encontrarnos, de construir sentido en lo que nos pasa a través de lo que les pasa a otras, de compartir desde las experiencias y desde nuestras diferencias, haciendo de las mismas potencia y no peligro. “¿Por qué es importante encontrarnos las mujeres? importante es porque sabemos que vamos sobre un camino para poder aclarar cosas y puntos que tenemos que seguir descubriendo, yo por ejemplo he descubierto que me he ganado más amigas, me doy con todo el mundo; he expresado cosas, me han escuchado cosas y así sucesivamente. Me es importante estar en el grupo porque sé que estoy segura de lo de afuera, que ahora se ha dado de que si salimos y no volvemos nos pasan cosas, entonces es importante estar en el grupo, apoyándonos una a otra, tender la mano a la que está sola, a no tener miedo a hablar cosas y no tener miedo de ayudar a la otra.” “Es muy importante encontrarnos porque es nuestro espacio donde podemos compartir, aprender, disfrutar, trabajar y apoyarnos unas a las otras.”


“Decidí estar para apoyar (...)a mi género, apoyar a compañeras que están solas, aprender del otro o de la otra (...) es bueno tener un grupo de mujeres, porque de un grupo pueden salir muchas cosas (...) a mi me ha hecho bien, aparte de sentirme acompañada, salir adelante, desenchufarme, conversar de cosas que de repente una no habla en la familia y también poner el hombro a la otra”. Se reivindica en el encuentro la posibilidad de decidir, de decidir sobre nuestro propio tiempo, de disponer de ese tiempo para nosotras mismas: decidir escuchar a otras, acompañar a otras, permitirme ser escuchada, decidir querer ser acompañada, aprender de la experiencia de las otras y de la propia a través de la escucha y las voces de otras. Se construye una noción de grupo que se contrapone a la idea hegemónica sobre los grupos de mujeres como espacios de competencia y de habladurías. Esta construcción se sustenta sobre la base de vínculos de contención, de cuidado, de crecimiento, donde la otra se vuelve una compañera de recorridos, preguntas y búsquedas. “Una se siente contenida igual… hay complicidad”


En este recorrido, aparecen al menos dos grandes potencias que se desprenden sobre el sentido de este grupo: una potencia singular, íntima y otra colectiva, política. Y del entrecruzamiento volvemos a la famosa frase feminista de “lo personal es político”.

“Es un momento de esparcimiento, de que una puede llorar, gritar, expresarse de una manera u otra, que de pronto no lo podes hablar con nadie porque te sentís con vergüenza, porque te sentís cohibida. Por eso, agradecer a las compañeras, que me recibieron con mucha alegría, y eso es muy importante para una, que el grupo te recibe con las puertas abiertas.” La potencia de lo personal, de lo íntimo, del propio cuerpo, refiere al sentirse cuidadas, seguras, a poder poner en palabras cuestiones difíciles de decir y de escucharse diciendo; a compartir la propia historia y en el acto de enunciarla ir transformándola lentamente.


La potencia de lo colectivo como posibilidad de cotejar y entender la historia singular como parte de una historia política. Entendiendo que lo que a una le pasa tiene algo de lo particular pero también tiene algo de lo común, de lo que se juega en una sociedad machista, patriarcal, injusta, desigual. Este interjuego donde el dolor y el deseo personal resuena, se dice, se espeja y se piensa en colectivo, permite alivianar la carga propia enlazándose con otras que andan tejiendo caminos y búsquedas similares.


“(...) prácticamente decidí un 8 de marzo empezar a entrar en marchas, empezar a saber qué era eso, por qué no sabía qué era al principio. Es una adrenalina que se siente que es imponente, que nos da derecho a expresarnos, que nos da derecho a decir cosas, que nos da derecho a defender a la otra, a las que no están tan bien, poner palabras, letras y cosas por las que no están y por las que siguen luchando por tener sus derechos, por aquella mujer golpeada, por aquella adolescente maltratada... por eso decidí estar en el grupo. Porque sé que en el grupo puedo hacer algo por alguien, por aquella, tal vez un poco por mí también, por eso decidí estar en el grupo”.


Lo colectivo entendido como algo que puede traspasar las fronteras de lo privado cuando el dolor, la opresión y la injusticia está: no hay dolor privado si lo que lo provoca refiere a una causa colectiva. Una de las mujeres decía, “¡Sí, Meternos!” cuando vemos que una compañera sufre o es víctima de una situación de injusticia. El acompañamiento y la responsabilidad de la reparación y del cuidado es colectiva.


“Estoy acá, está mi hombro, está mi mano… por eso me es importante estar en el grupo. Porque gracias a esos grupos yo sobreviví… yo fui una víctima de violencia doméstica y sé lo que es, entonces si no hubiera sido por estos grupos yo hoy por hoy no estaría acá. Así que yo doy gracias de haber entrado a un grupo así, haber conocido y habérmelos cruzado”.

Estos entrecruzamientos y lazos que se van consolidando en grupo, van tomando cuerpo en vínculos que se van conformando en pilares que buscan desterrar la soledad y el silencio de la dinámica cotidiana. Vínculos y lazos que empiezan a mostrar que la vida puede no ser en solitario, que puede haber alguien que escuche, que dé alojo a las vivencias individuales, que abrace, que contenga.


En estos caminos, descubrir la posibilidad de la amistad es un acto político, un acto de amor profundo que construye comunidad, que traza colectivo, que permite encuentros y que empieza a dibujar revoluciones; que desde un hacer y un pensar entre las mujeres, posibilita la construcción de nuevos sentidos que se configuran desde lo común y que se traducen en posibilidades de transformación, en un hacer común.

En un tiempo donde prima el discurso del miedo al otrx, donde tanto los medios como el discurso hegemónico colocan al otrx en el lugar de quien puede dañar, robar o enfermar; buscando aislarnos unxs de otrxs, alejándonos y encerrándonos en lo íntimo y conocido; el descubrimiento de que el/la otrx puede ser amigx, constituye una ruptura. Recuperar la idea de que el/la otra puede ser amigx, es recuperar la confianza en la potencia de lo colectivo como transformador de la sociedad.


La historia de nuestro grupo se va conformando por palabras escritas en un comienzo, luego por palabras dichas, escuchadas, repetidas y gritadas ahora. Palabras que este 8M, por primera vez, pudieron ser cantadas, gritadas, danzadas y escuchadas por las plazas y las calles de Casavalle; por primera vez marchando en el propio barrio, invitando a mujeres de todas las edades.


Los hilos de lo íntimo se entrelazan para formar el tejido de lo colectivo que en el mismo trazo vuelve a conformar los hilos… las mujeres nos encontramos para compartirnos y tejer nuevos ropajes, cambiar hilos y seguir dando nuevas puntadas…


“Así que vamos a unirnos y vamos a hacer lo que tenemos que hacer: ¡hacer sentir nuestra voz!” porque “ese empoderamiento una lo quiere transmitir a otras mujeres y esas a otras… por eso una quiere que el grupo no muera” y por eso “espero que pueda seguir adelante el grupo, espero que todas las mujeres que quieran sumarse que lo hagan porque serán bienvenidas como en todas las comunidades de mujeres ancestrales y hasta el día de hoy.”


Escrito por: Daniela Correa y Karin Michelin-Salomon

Colaboradoras (citadas textualmente): Mary Sonia Albarenga, Maryori Panizza, Jacquelina Sarotto y Elizabeth Iglesias

Grupo Mujeres en Obra


Sobre el Área de Género de la Obra Ecuménica Barrio Borro:


Tenemos como objetivo: transversalizar la perspectiva de género a nivel institucional; procurando, a partir de la sistematización de conocimientos en el área, brindar asesoramiento, generar propuestas de trabajo e instancias de sensibilización y reflexión con los proyectos que conforman la Obra Ecuménica.


Promovemos y participamos del grupo "Mujeres en Obra", generando diferentes iniciativas de encuentro e intercambio con las mujeres del barrio.


Difundimos materiales que generen la reflexión y discusión con respecto a las temáticas de género, diversidad, sexualidad, feminismos, entre otros, habilitando espacios de problematización e intercambio con les trabajadores de la institución.


Ofrecemos un espacio de orientación y consulta en género y sexualidad, contando con información y métodos en salud sexual y reproductiva a disposición para adolescentes y adultes vinculados a los diferentes proyectos.


Generamos propuestas de intercambio y talleres con niñes y adolescentes que concurren a los proyectos socio-educativos de la Obra, trabajando en conjunto con los equipos para su planificación y desarrollo.




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