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Mujeres que se hacen cargo


Desde el origen de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, cuando el calendario marca 8 de marzo se reivindica en todas partes del mundo la lucha histórica por los derechos y la igualdad de las mujeres. 


Cada año el movimiento feminista, pone en agenda tópicos a reivindicar y mediante los cuales denunciar la cultura patriarcal en la que vivimos, que impide cerrar brechas, revertir desigualdades (sociales, económicas, educativas) y erradicar todo tipo de violencias contra niñas, adolescentes y mujeres en Uruguay.



Este año bajo el lema “Ni un derecho menos, basta de retrocesos”, miles de mujeres a lo largo y ancho del territorio nacional, salieron a las calles en defensa de sus derechos y ante la necesidad de evitar retrocesos en las conquistas logradas, porque entienden que sólo a través del trabajo conjunto y la unidad conseguirán igualdad de género. 


Si bien en nuestro país fueron varias las leyes proclamadas en los últimos años, que garantizan derechos alcanzado mediante la lucha feminista (Ley sobre la violencia basada en género, extensión de la licencia maternal, entre otras) revertir las desigualdades de género implica no solo la creación de nuevos marcos normativos y su efectiva implementación, sino fundamentalmente la búsqueda de la transformación de las sensibilidades, estereotipos, subjetividades, representaciones sociales, valores y prácticas de los sujetos.

 

En este sentido es fundamental destacar los impactos indirectos ligados a los roles de género y que no necesariamente apreciamos a primera vista. Los roles de género son el conjunto de conductas y actitudes que la sociedad considera apropiadas de una mujer o de un hombre, que influyen directa o indirectamente en nuestras elecciones y decisiones cotidianas, así como también en lo que elegimos estudiar, los trabajos que tenemos, la cantidad y el tipo de tareas que hacemos en nuestro hogar. 


Según una investigación realizada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) justamente es dentro del hogar, donde existe un desbalance más pronunciado en la distribución de las tareas.  “En todo el mundo, la mayor parte del trabajo no remunerado lo realizan las mujeres y las niñas. Pero en nuestra región (...) es mucho peor que en otras partes. Si analizamos el tiempo total destinado al trabajo no remunerado en los hogares, en América Latina en promedio las mujeres contribuyen con el 73% y los hombres con el 27% restante.”  




Uruguay en cifras

 

En nuestro país, el Instituto Nacional de Estadística (INE) realiza la Encuesta de Uso del Tiempo y Trabajo No Remunerado, con el fin de cuantificar la carga total de trabajo (remunerado y no remunerado) que la sociedad uruguaya invierte en un período de tiempo dado. De esta forma se hace visible estadísticamente la división de la carga de trabajo entre mujeres y hombres, conociendo en detalle la distribución del trabajo a la interna del hogar: trabajo doméstico y de cuidados a niñas/os o personas dependientes, según género, grupos de edades, estado civil y tipo de hogares. Estas herramientas no sólo permiten evidenciar inequidades en cuanto a cómo la población hace uso del tiempo en su vida cotidiana, sino que constituye un indicador importante del bienestar de la población.


En base a los últimos resultados de esta encuesta, presentados en marzo de 2023 se pone en evidencia que en Uruguay la tasa de participación de los varones en las tareas domésticas es de 75.6% mientras que la de las mujeres asciende a 87.3%, lo que en cantidad de hora se traduce a que las mujeres dedican 14 horas semanales más al trabajo no remunerado que los varones.


Si se observa la carga global de trabajo dividida entre remunerado y no remunerado, surge que las mujeres dedican dos tercios de su jornada al trabajo no remunerado y un tercio al remunerado, mientras que los varones dedican dos tercios de su jornada al trabajo remunerado y un tercio al trabajo no remunerado. Otro de los datos que se destaca es que las mujeres se hacen cargo de 54,8% de la carga global de trabajo –la suma de horas de trabajo remunerado más la suma de horas de trabajo no remunerado–, mientras que los varones se encargan de 45,2%.


A su vez, dentro de las tareas domésticas, las mujeres participan más en las tareas asociadas a “lo femenino” que los varones, como son la alimentación (70.4% y 29.6% respectivamente), la limpieza y el cuidado de la ropa (81.2% y 18.8% respectivamente) y los varones participan en mayor medida en tareas más puntuales y asociadas a “lo masculino” como mantenimiento y reparaciones (83.1% para los varones y 16.9% para las mujeres) y la cría de animales y cultivos para el consumo (55.4% para los varones y 44.6% para las mujeres). 


El involucramiento equitativo en el trabajo doméstico y de cuidados sigue siendo una deuda en las relaciones de género. En cuanto a los cuidados de personas dependientes dentro del hogar la tasa de participación de los varones es de 32.4% mientras que la tasa de participación de las mujeres es de 45.7%.  


En particular, en el cuidado infantil (niños y niñas de 0 a 12 años) las mujeres dedican 17.8 horas semanales a dicha actividad mientras que los varones dedican 13.0 horas.


Los datos de la encuesta revelan que dentro de los hogares uruguayos sigue existiendo una marcada división sexual del trabajo, que trae aparejadas consecuencias que recaen fundamentalmente sobre las mujeres. La brecha de género en la carga global de trabajo reduce sus posibilidades a nivel académico, de desarrollo profesional y/o dentro del mercado laboral, pero por sobre todo en ámbitos de esparcimiento, disfrute y lazos de amistad.


En Casavalle, las mujeres ¿se hacen cargo? 


A nivel de nuestro territorio influencia, donde históricamente se registra un alto porcentaje de hogares monoparental con jefatura de la mujer, las limitaciones que éstas tienen para el efectivo ejercicio de sus derechos son aún mayores.


En los últimos años, tras la llegada del COVID19 la situación en la Cuenca de Casavalle se vio fuertemente agravada por el confinamiento que implicó la pandemia, que no sólo significó un incremento de las tareas de cuidado de NNA y personas dependientes, sino que además muchas familias, tuvieron la necesidad de organizarse para enfrentar la crisis alimentaria.



Como en otros barrios de la capital, en este contexto crítico surgieron múltiples iniciativas solidarias lideradas mayoritariamente por mujeres, que propusieron soluciones inmediatas para mitigar el impacto social. Fue así que se pusieron en marcha Ollas y Merenderos, para que vecinas y vecinos que lo necesitaran, pudieran acudir diariamente a un plato de comida.

 

En este sentido desde el 2021 y a lo largo de tres años en conjunto con ONU-UNFPA, desde la Obra Ecuménica (OEBB)  llevamos a cabo la iniciativa integral “Respuesta social a la emergencia por COVID-19: No dejar a nadie atrás”, un proyecto que apunta a fortalecer la respuesta comunitaria surgida en el barrio para afrontar la emergencia social desencadenada por la pandemia. Trabajamos en la implementación de actividades de fortalecimiento de los espacios locales de entrelazamiento solidario y sostenido entre los diversos actores (Ollas Populares, Organizaciones de la Sociedad Civil, redes juveniles, Estado y cooperación internacional), incluyendo el reforzamiento de la calidad alimentaria y las condiciones de trabajo, higiene y bioseguridad.


Esta iniciativa permite fortalecer un espacio de encuentro de mujeres referentes del barrio, se transformó en una red no sólo de sostén alimenticio, sino también de contención según expresan sus protagonistas. En varias oportunidades en sus encuentros, se dio lugar a la reflexión y discusión con respecto a las temáticas de género, diversidad, sexualidad, feminismo, entre otros, habilitando espacios de problematización e intercambio con los y las trabajadoras de la institución sobre las diferentes formas de violencia que se observan y viven diariamente. 

   

Esta labor se suma al conjunto de acciones que desde la OEBB llevamos a cabo para contribuir a garantizar el ejercicio de los derechos de las mujeres de nuestra comunidad, reconociendo que habitamos un sistema que perpetúa la pobreza y la desigualdad.

Consideramos que no se puede, ni se debe seguir hablando de igualdad de género si las relaciones de poder siguen siendo desiguales. Por eso cada día reafirmamos nuestro compromiso en la construccion de espacios seguros y equitativos, para que nuestros niños, niñas y adolescentes puedan construir relaciones libres de todo tipo de violencias, abusos y discriminación. Para ello, desde nuestra Área de Género creada en el año 2018 con el objetivo de brindar asesoramiento y generar propuestas de trabajo, sensibilización y reflexión con todos los proyectos de la OEBB, apostamos fuertemente a una educación con perspectiva de género como herramienta fundamental para la transformación social.


Entendemos que las instituciones educativas y los espacios de encuentro comunitario, son lugares fermentales de especial interés por las posibilidades de emprender medidas tendientes a desarmar estas desigualdades y que en definitiva nos acerque a nuestro lema para lograr que todos los derechos sean de todas las personas.


Redacción Camila Botto


Bibliografía



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